jueves, 23 de octubre de 2008

Dulce despedida

11:07 PM


Gente de paso, alientos y miradas buscadoras. ¿Porqué hoy estoy aquí, rodeada de gente, y me siento tan sola? Tan vacía...

Tu marcha me ha afectado, sí. Pero yo decidí que te fueras. Yo decidí que no quería más páginas arrugadas en la papelera de nuestros malos recuerdos.


Decidí acabar, que todo lo que había sido nuestra vida en común, nuestro sueño vivido, nuestros propósitos de futuro, las ilusiones... Todo. Tenía que terminar. Despertarse contigo era levantarse sola de una cama, un lecho compartido en el que sólo me encontraba a mí.

¿Te quise? Sí. Claro que te quise, incluso llegué a amarte. Te necesité y me aferré a ti, a tu vida. A la idea de que si luchaba, podría salvar algo que ya se había ahogado en el mar de la soledad. Pero me desperté un día a tu lado y me encontré sola y vacía. No sentía ya el deseo que azotaba mi piel cuando tú me tomabas entre tus manos y mi vientre se hacía tuyo. Cuando nos fundíamos en un acto de
amor, sumisa a tus deseos. Esos deseos que ese día yo ya no sentí.

La verdad duele, es cruel y una gran perversión del ser humano: nos aferramos a ella para sentirnos mejor creyendo que es mejor que la opción de la mentira y la verdad es que ya no soy tuya, no no te pertenece mi corazón, mi pasión ya no se activa con tu cuerpo.


Es lo que pasa cuando uno deja de preocuparse por mantener viva una llama, un sentimiento.

Ahora es otro día, hoy ha amanecido de nuevo un sol qeu ya no enriquece nuestra relación.
Se acabó. Se apagó ayer con la puesta de sol, cuando mi cuerpo se entregaba a otro hombre. Cuando él tratándome como una prostituta, conseguía que liberara mi mente de las ataduras de tu dependencia y me abandonara al placer. A su placer. Porque a través de su goce consigo tocar el cielo del disfrute. Cada una de las veces que su cuerpo se estremecía, cada vez que su piel se erizaba y su miembro se alzaba alcanzando una horizontalidad realmente turbadora, mi cuerpo se abandonaba a su propio deseo. Me pegaba, me azotaba como si una niña mala hubiese sido. Me llamaba "puta", me humillaba, me utilizaba, usaba cada uno de mis orificios, penetraba y se beneficiaba de ellos. Me trataba como si no valiese nada. Todo mi valor residía en la cantidad de place
r que pudiese proporcionarle. Pero me deseaba. Sentía su deseo cuando lo miraba, sentía su deseo cada vez que me ahogaba con sus manos, cuando me azotaba, cuando se abalanzaba sobre mi y golpeaba mi sexo.

Sé que me desea, que soy suya, que he accedido a ser su puta, a no ofrecerme a ningún hombre más. Sólo él. Y además de desearme tan peligrosamente, me respeta porque al salir de esas cuatro paredes en las que se consumen tan lujuriosos actos, para él soy tan persona, tan respetable como si amor hubiera entre nosotros. Me cuida como si una muñeca de porcelana fuera. Me escucha, se preocupa por mis sentimientos, por mis pensamientos, por los más profundos de mis pensamientos. Esos que tú has aprendido a ignorar desde hace tanto tiempo.


Fallaste al intentar corregir tu error pues ya era tarde. Ya no había vuelta atrás. Ya no.
Hoy ya no soy dueña de mí y por primera vez, no lo soy porque así deseo que sean las cosas. Deseo que un hombre que sé que me avergonzará en la intimidad lleve las riendas de mi vida, porque al mismo tiempo me estará adorando.
Y eso es algo que tú jamás podrías comprender.


11:53 PM

jueves, 21 de agosto de 2008

El día del comienzo

2:54 AM

En el sofá de mi casa, tú y mi compañera de piso duermen plácidamente y yo, mientras, le doy vueltas a la cabeza.

Sé que esta tarde ha sido el comienzo del final, el anuncio del apocalípsis en mi vida. Te quiero? Sí, claro. Te amo. Pero es que A. es todo lo que tú has dejado de ser... Atento, delicado, gracioso... Cuando me mira, me mira de verdad. Cuando me habla, sus palabra se adentran letra a letra, sonido por sonido en mi cabeza como si una melodía estuviera sonando. Él es todo lo que tú eras cuando nos conocimos. Eras tan caballeroso, eras todo un galán. El más simpático, el más querido por toda la gente que nos rodeaba. Pero con el tiempo te asentaste, te volviste despreocu
pado por mi interés por ti. A. es todo eso y más.

Sus besos me hacen e
stremecer, siento su respiración en mi piel cuando se acerca a esos horribles y largos dos centímetros. Siento sus palabras diciéndome que le gusto como agujas de hielo en mi nuca porque me acuerdo de ti cuando me dices que me quieres y consigues que retroceda en un intento desesperado por no caer de nuevo en sus riendas. Sus dulces labios, sus besos apasionados, sus roces, su aliento, sus manos furtivas investigando mi cuerpo, todos sus pequeños besos que reparte por mi cara y mi cuello tratando de hacer que caiga. Que me entregue a él de nuevo. Que mi boca se acerque a la suya, que mi lengua juegue al pilla pilla con la suya, que mis manos toquen su cuerpo hirviendo en deseos de poseerme.

Le deseo, tanto como a ti cuando nos conocimos, cuando ponías tanto empeño para seducirme, para conseguirme sabiendo que yo tenía pareja y no me dejaría caer en tus brazos. Eras tan insistente, tan convincente...
Y ahora la historia se repite, pero esta vez eres tú el afectado. Por la misma razón por la que te escogí un día a ti dejando una vida atrás, hoy le he escogido a él.

Me he entregado a sus besos, a sus caricias y a sus delicados halagos. Pero solo son besos.
No he querido pasar más que esa fina linea de la traición y la infidelidad.

A. se enamora y yo, yo solo le deseo, pero le deseo tanto que me hierve la sangre al pensar en él. Terminaré de escribir y me pondré a recordarle dándome un homenaje.


Por que hoy te he sido "fiel" deseándolo a él.


3:24AM